Seguidores de Killo y Pisha

martes, 13 de marzo de 2012

XIII


LA PAREJA BOOM

(Primera Parte)





Después de comprar un cuarto y mitad de salchichón, dos barras de pan y una cerveza de litro, fue a sentarse a un banco de la Plaza del Rey, lo más cerca posible de su añorada Gran Vía, para esperar a su compadre.

Media hora más tarde y con cara de pocos amigos.



—¡Ehhhh!

—¡Ahhhh!

—Killoooo

—Pishaaaa

—Me cago en tus casta, compare, por qué tarda tanto, chiquillo, que estoy desmayao.

—La Choco Killo, que es mu jartible y me quería dá el puchero agrio de antié, le he dicho que se lo coma la hiena de mi cuñao, que está cebao de tanta pringá.

—Qué bien habla, compare, es que de curtura estamo sobrao.

—Y de inteligencia Killo, porque ni un totobaba se hubiera comio ese puchero rancio y ademá luego tenía que está agradeció y tó. Ahora, toa la pringá p’al mamón de mi cuñao.

—Qué ya m’enterao que tó la pringá la trinca tu cuñao, no sea má jartible, que la envidia es mu mala ¿No he comprao yo este salchichón del mejón? Po y’astá.

—Es que me da mucho coraje que sean asin conmigo, y ma cuando estoy bajito cuerpo.

—Fítetu que ase ná, estábamos ahí, en esa terraza, con nuestro cuartito y nuestro periódico, compare, con lo que ha sido la Gran Vía pa nosotros.

—¿Y qué? Ahora estamo en este banco, al lado del caballo de Varela , con un bocata que mucho quisieran para sí.

—Aaaaro, y to el sol en la calva, y la cerveza recalentá, y las mierda de palomas por todo lado, hasta en mi zapato.

—Esto no es vida, Pisha, vamos de honrao por la vida y con la crisis tan horrorosa que hay vamos a pasar ma hambre que un naufrago en una isla desierta.

—Es que no hay chapú, Killo. Pa arbañí ni sirvo porque con tanto sol se me queda el cuerpo disgustao, de fontanero me cargo la tubería, el grifo y me como la silicona, y de camarero se me cae la bandeja encima de los güiris y se guannajan sin pagar. Y que conste que yo pongo interé, pero para lo que yo sirvo no hay ná. Asín estoy, como un rebajao pero sin pensión.

—Es que tu no sirve pa ná, compare, ademá, no se trata de eso, vamo avé, Dió no ha dado la chorla pa algo, ¿no?

—Yo que sé, pa qué…

—A ti, pa ná, con esa cara catre y’astá despachao. A mi ma dao la chorla pa pensá. Pisha, y hay que sabé, según el tipo de crisi, que es lo mejón en cada momento.

—Aaaaro, tú el listillo, como siempre. Avé, ¿qué es lo mejón pa nosotro, Killo?

—Que nos enchironen , compare, ¡Que no te de una conmursión, que te veo vení, so exagerao! Se está mejón que en un hotel y todo de varvula. Hay un probema, que nos tenemo que trijiná a los municipales.

—Cómo va sé bueno está encerrao en el talego , Killo, tu está majara, a ti el levante ta perdio un tornillo, ¡qué jindama! A ti si que te ha dao la conmursión.

—Yo te voy a decir que es eso, so listo, que ere tú mu enterao. Primero te cuento lo chungo, y luego lo bueno ¿vale compare?

—Tú me quiere trajiná, porque yo bueno no veo ná de ná.

—Lo chungo es que hay que madrugá.

—A mi eso de levantarme temprano como que mi cuerpo no lo lleva mu bien. ¿Tiene que sé ante de la una, compare?

—A to se acostumbra uno, Pisha, pero ahora escucha bien por esas orejas que Dió ta dao, escucha las ventajas: habitación para do, desayuno, comida y cena de varvula y caliente todos los día, a la carta Pisha, como en el mejón güichi.

—Hombre, no sé, no sé… to eso está mu bien, pero enchironao, y desde que me caí en el bujero, la oscuridad me da jindama.

—que hay má compare, ginnasio, jardín pa paseá, plasma, mesas pa jugar nuestras partiditas de dominó, ¿necesita algo más en esta vida, compare? Hasta una pleiestetion con dos mando.

—La libertá Killo, que es mu bonita, se me sartan las lágrima cuando pienso en ella.

—Qué libertad ni libertad, Pisha, si tu no conoce eso desde que era chiquitito… si tú eres un pringao. Qué libertá tiene tu con la sieso de tu suegra y la Choco viviendo contigo, por no hablarte del esaborío de tu cuñao.

—Ahí las dao, compare. Por eso se me sartan las lágrina, porque la echo mucho de meno.

—¿Pedir emprestao todo los día pa comerte un maldito bocadillo de salchichón en este banco es libertad? ¡Fitetú que libertad!

—La libertad sirve pa salir a la calle cuando te de la gana, y en el trullo no puede. Pa decirle un piropo a una gachí buena, y en el trullo no puede. Pa cagarte en los muerto de la momia de tu suegra, y en el trullo no puede, pa…

—Y’astá cojone, con tanta reivindicaciones, ni que fuera el sindicato. Qué jartible, Dio mío, dame paciencia que cuando le da por una murga no hay quién pueda con él.

—Solo te digo mi verdad, Killo, que sin libertá no puedo vivir.

—Si se puede Pisha, con mi chorla se puede. Hay que entrar pensando que vamos de vacaciones a una residencia con todo de varvula y ya verá como te gusta.

—Pero si un día quiero salir, no me dejan, Killo.

—Para eso está mi inteligencia. El truco está en conseguir que nos lleven una jartá de veces pero pocos días.

—¿Eso como se hace Killo, si yo nunca he matao ni siquiera a un gorrión? Un poné, una ve le apunté con un tirachina y rompí un cristá.

—Nada de arma, Pisha, ni de atragantá a nadie. Otro poné, robamos un banco y nos dejamo trincá y y’astá, compare. Si no hay chocauras ni farta parné no nos pueden incurpá de ná gordo. Nos llevan un mes a la residencia con todo pagao.

—Eso como vasé asín, compare, lo veo tela de chungo.

—Que no, carajo, vamo a una sucursá y nos arrebujamos con la chusma hasta que nos trinque el vigilante. Vamos a formar un duo, la pareja BOOM. ¿A qué te gusta?

—Noniná.

—Po y’astá.



Tal como habían planeado, al día siguiente, a primera hora de la mañana, se presentaron en la puerta de una sucursal bancaria. Los dos con sobrero, peluca y barba postiza. En esos momentos la clientela era escasa. Con toda naturalidad se pusieron en la cola de la ventanilla. A pesar de la aparatosidad de sus disfraces, no consiguieron llamar la atención. Después de varios minutos de espera, les llegó el turno.

—¡Esto es un atraco, coño! —le grita Killo al cajero— ¡Dame todo el jurdó que hay ahí!

—¡Y cuidado que la pistola que lleva es de verdad, aunque parezca chocolate, es de las buena! —le dice el Pisha.

—¿Un atraco? —responde el cajero sin alterarse— Pues vaya día que habéis elegido para un atraco, si apenas hay dinero…

—¡He dicho que toda la manteca a esta bolsa! Y en euro, nada de miseria, que nosotros somo pofesionales —Grita de nuevo Killo.

Los nervios impiden que Pisha hable en voz alta.

—¡Te juro que la pistola es de verdá! —insiste Pisha— Oye Killo, estoy hasta las tranca…

—¡Pedro! —le grita el cajero al vigilante— que se trata de un atraco… ¿qué hago?

—Tú tranquilo —le responde éste— no parecen malos chicos.

—¡Me cagondié! —Killo se desespera— ¡Qué ponga los jurdores en la bolsa si no quiere que haya una achocaura!

—Me cago en tó mi muerto tó, no sé por qué le hago caso a mi compare, voy a tené una conmursión, verá tú —se lamenta el Pisha.

—Vale, vale, ya voy, no sé a qué viene tantas prisas —el cajero se mostraba bastante tranquilo.

—¡Oiga, no les de todo el dinero que nosotros estamos aquí para algo! —gritó una señora desde la cola.

—¡Eso, eso! —dijo otra— lo único que faltaba es que despué de tanta caló no haya dinero p’amí.

—¡Tranquilo tor mundo! —gritó Killo— que mi compare tiene una pistola y es capaz de hacer una locura.

—Qué no, compare, que la tiene tu en el borsillo y creo que el chocolate se está poniendo guannio.

—¡Venga ya hombre! —le dice el cajero— termina de robar que no tenemos todo el día.

—Oiga, ¿no va usté a llamá a la policía? —pregunta el Pisha al vigilante— Que somo mu peligroso, mucho.

—Para qué, si cuando aparezcan ya os habréis najao .

—Me cago en la má. Que no, carajo, tú llama, que veremo que pasa luego, no sea quemasangre y llama, a un podé.

—Yo no quiero problema —contestó el vigilante— Vosotros haced vuestro trabajo que yo me encargo del mío, y rapidito que tenemos muchas cosas que hacer.

—Eso, encima con bulla , como si robá fuera tan fáci. Po como me toque mucho los güebos ni robo ni ná de ná, eh, asin que no nos agobie.

—Venga, trincá de una vé que esto se está poniendo empetao y hay que trabajar —les dijo el cajero.

—Será mamón el tío este. Nada que los tendré que llamá yo, como no tenga sardo en el móvil me voy a cagá en tó mi muerto tó. —le replica Pisha con su móvil en las manos— Y tó pa no gastá su sardo, que gachó má agarrao.

—Qué caló ma mala, Dio mío, me pica la cara y me pica tor cuerpo Pisha y estoy hasta los güebos de esta mierda de peluca.

—Yo tampoco puedo má, Killo, vamo al baño y nos quitamos el disfrá hasta que lleguen los municipales .

—¡Vamos a vé, señores! —gritó Killo enseñando la bolsa llena de billetes— Digan cuanta manteca necesitan que yo se la doy.

—¡Trescientos euros! —dijo una señora.

—¡Yo quinientos, que tengo que pagá el arquilé y la lú.

—¡Un momento! —gritó de nuevo Killo— Nos podemos fía de vosotros, ¿acomosí?

—Noniná —le dijo Pisha— Ni se molestan en llamar a los municipales, no sé si son carajotes o se piensan que lo somo nosotros, pero algo aquí no va bien.

—Po no se hable má. Qué cada uno vaya trincando lo que necesite que en un momento vorvemo.

Killo y Pisha entran en los servicios y después de varios minutos de espera, salen sin disfraz y contentos porque van a ir a la cárcel. La policía acaba de llegar.

—No me explico cómo, pero se han escapado —le decía el Director a la policía— eran don individuos con escopetas recortadas.

—¡Estamo aquí, señó directó, que no nos hemo largao a ningún sitio —decía Killo levantando la mano.

—Déjate de pamplinas Killo, que el tema es muy serio —le respondió el director.

—Joé, me conoce y tó. ¡Qué los peligrosos delincuente somos nosotros, mi compare y yo! —Killo no podía creer lo que estaba sucediendo — Yo vi como guardaba usté la borsa en su despacho.

—Qué no tengo el cuerpo pa tonterías Killo, tú eres calvo y estás afeitado, y esos dos elementos tenían pelo largo y barba. Además, se han llevado todo el dinero del banco, hasta el último euro.

—Qué no, señó directó, el dinero lo dejamo todo en una bolsa, ahí en medio, ¿acomosí compare? En una borsa del carrefú, la que usté agarró y la metió en su despacho.

—Quieres no molestar más —le dijo de malos modos el agente de policía.

—Pero, pero… ¡Eh, señore —gritó Killo a los clientes— ¿Le quieren explicar a estos policías que mi compare y yo somo los ladrone? Que somo gente mu mala…

Todos reían a mandíbula abierta. Nadie les tomó en serio. Los dos salieron cabizbajos de la entidad bancaria.

—Ve como no es pan comío que te enchironen carajote, la comida nadie la regala asín como asín.

—Hay que vé el ridículo tan espantoso que hemo hecho, Pisha.

—Yo estaba jiñao po las pata abajo, Killo.

—Po esto no se va a quedá asín compare. Por mi muerto que esta gente nos enchironan, de la pareja Boom no se pitorrea nadie.

—Cuando se entere la Choco compare, le va a dá un patatú del cachondeo, y el mamón de tu cuñao, con la risa de hiena que tiene, se lo cuenta a media isla, eso pa qué tú ya lo sepa.

—De eso ni mijita, mañana repetimo, Pisha, pero tenemo que parece má de verdad, y agarramos a una tía de reén, que eso siempre impresiona, y hasta que no llegue la policía no la soltamo. ¿Estamo?

—Estamo Killo, mañana comemos de varvula, aunque me jiñe otra ve por las pata abajo.



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