Seguidores de Killo y Pisha

domingo, 5 de febrero de 2012

VII


FIN DE AÑO



—¡Ehhh!

—¡Ahhh!

—¡Killo!

—¡Pisha!

—Qué alegría má grande, compare, creí que ya no te veía má. Vamos a tonarnos un cuartito.

—¿De qué habla, Pisha? Si a mí no ma pasao ná —le dice una vez sentados en la terraza de la Gran Vía.

—¡A mí, Killo, que estoy gafao! Cagondié, que coraje me dá, no hay una fiesta que pueda celebrar a gustito.

—Pisha, un colocón mu grande que agarraste, ¿acomosí?

—Te quiya, Killo, mamao no se entera uno de ná.

—A tu cuñao el apamplao, que la dao otro aire y sa quedao traspuesto. Vamos, que ya lo veo má p’allá que p’acá.

—Qué no, Killo, ajolá, pero ese gachó es hueso duro de roer.

—¡A la Choco la dao un jamacuco! Con lo joven que es la pobrecita, mu fea, pero con mucha vida p’alante.

—Qué no Killo, que jartible…

—¡Y’astá! Tu suegra la’spichao.

—No da una compare. Mi suegra es una momia que está mejón que yo.

—Afú Pisha, ya no me queda nadie. ¿Está jugando a los acertijos?

—Y yo qué, compare, ¿yo no existo, carajote? ¿Soy invisible? Porque solo ta fartao preguntá por el gato de mi vecina Pepa ante que por mí, con lo sensible que estoy y de mí nadie se preocupa.

—Tú está chalao, ¿yo no me preocupo por ti? Endiluego que no me conoce. Si no te veo ninguna chocaura y no te farta de ná, ¿de qué me voy a preocupá? Vamo avé, ¿cahecho ahora?

—Antié compare, antié por una mijita no la endiñé.

—Cómo vasé eso si tú está mu bien, te veo de puta mare, un poco estartalao pero bien.

—Te estoy hablando de antié, mamón, no de ahora, que no viví ni las campaná de fin de año, en la residencia metío toda la noche, lleno de cable, tubo y la mare que los parió.

—Qué dice chiquillo, no me diga eso que el jamacuco me da a mí. ¿Tú en el hospital y yo sin saberlo? Te quiyá.

—Lo que oye, bajío gordo, eh, ná de tiquismiqui, que conmigo había má médico que en la serie de urgencia.

—Hasta sudore man entrao, Pisha, avé si me entero que ta pasao, voy a pedir otro cuartito y larga ya…

—Na Killo, que me levanté bajito cuerpo y con un doló mu grande en el corazón, como si lo tuviera enrabietao.

—Yuyu Pisha, yuyu, que estamo en una edá mu desagradesía. El otro día, al marido de la Carmen, la prima de mi vecina, le dio un aire y y’astá en el otro barrio. ¿Sabe qué edad tenía? La nuestra.

—Escucha joé, que no te calla. Como mi suegra tiene angurria , me quedé al liquindoi, y en cuanto se levantó de mi butacón ¡zás! Lo trinqué con el mando de la tele y tó, pero de pronto me entró un doló mu grande en el corazón. Me quedé traspuesto, mu malito compare, como una commursión, pero en el corazón, hasta que apareció otra vez mi suegra, y como es mu lista la joía, me dijo: «Dió ta castigao por agonía, y ta metío los gase p’adentro. Un buen peo y y’astá». La mú siesa como estaba encorajá, ni me miró, tenía la cara má estirá que Sarita Montiel.

—Los años de sabiduría, Pisha, sabiduría y mala leche, jejeje, que tu suegra de eso entiende una jartá.

—Encá son tó mu listo, Killo, porque endipué llegó la Choco, la cagalástima esa, y sentensió como Pilato: «gase, Pisha, una pastillita, un buen peo y como nuevo».

—Cagondié. Y tu cuñao, ¿el gachó no te dijo ná?

—El desgrasíao ese me miraba y se reía por lo bajini . ¿Tú ta fijao en la cara de

las hiena que ponen en los documentales de la tele? La mismita, compare, ese mamón en otra vida era hiena, lo que yo te diga.

—Noniná. Y se te pasó…

—Qué no, joé. Escucha con la oreja, después de tres horas se acabó el doló y por fin pasé la mañana en mi butacón. Mi suegra dio má vuelta que una peonza por el pasillo, al liquindoi para quitarme el sitio, pero se comió un mojón.

—Qué mardá, compare, y tó por un dolorsito de ná.

—Aaaaro Killo, cómo a ti no te dolía, tu lo ve como un paripé pa trincar el butacón.

—Andevá carajo, cuando hay fatiguita es que algo está escoñao, pero hay que sabé aguantá el chaparrón.

—Ahiestá, y eso hice, pero en la siesta, después de los alcauciles con chicharitos y un cuartito de vino, otra ve el doló en el corazón, y fuerte, mu fuerte, como si tuviera el corasón partío, y yo jiñao hasta las trancas, le daba vuelta a la chola , ¿Quién me va a curar el corasón partío?

—¿Quién llenará de primaveras este enero? —le responde el Killo cantando— Y bajará la luna para qué juguemos…

—Qué aseee caraja, es mu serio tó esto paque te ponga a cantá ¡Tú testá cachondeando de mí! ¿Acomosí?

—Que no compare, que me sea venío la letra de la canción de Alejandro Sanz. Fitetú que me la sé de memoria de tanto repetirla la parienta.

—Aaaaro, y ahora yo de palmero te hago el coro… ¡Yo me cago en tó tú muerto tó! Esto me pasa por confiá en ti, que eres mu malagente.

—No te surfure, Pisha, que tiene el corasón partío. Fueraparte ya, que pasó, que me tiene to preocupao.

—Qué llegó mi suegra, tan jartible como por la mañana, y me dijo otra ve que gase, que me tirara un peo y como agua bendita, que por eso ella se tiraba tanto peo.

—Gase, gase, luego ta da el jamacuco y se forma el tangai. Con luego decir: no somos nadie, estaba tan bueno, le dio un aire y la palmó.

—Ahiestá. Por eso mismo le dije a la Choco, más jartible con los gase que mi suegra, que ya estaba bien de tantos peo, que solo querían justificar lo guarra que eran las dos.

—Joé, Pisha, tu familia es una enciclopedia médica, ¡qué variedad de diagnóstico! Pero el corasón ya lo tiene pegao, digo yo, —le dice con guasa— asín que dime de una ve pa qué te llevaron a la residencia.

—Agárrate que viene lo mejón. Tol mundo con las uvas en las mano. En la tele el reló a punto. Empezaron las campaná y yo a meterme uva en la boca pa sé el primero en acabá. De pronto, cuando tenía to la boca llena de uva, una se me va p’al otro lado y me engollipé.

—Qué agonia Pisha, eso te pasa por trampuchero .

—Killo, no podía ni respirá, me puse tó colorao, colorao, y quería hablar y nadie mescuchaba, to quisqui pendiente del gachó de la tel y de las dichosa campanas, y yo con unos jipío mu malo, fitetú que la jiñaba allí mismo, hasta que la Choco miró p’atrá y gritó: «¡que el Pisha está chungo !» Yo cada ve ma colorao, esmorecío, y nadie hacía ná. Solo decían «¡Un infarto, que se nos va el Pisha de un infarto!» «El pobresito lo tiene desde esta mañana y ninguno le hemo echao cuenta, está infartao del tó».

—Me tiene ma acojonao que una película de susto, ¿qué pasó? Te pusiste infartao de verdad?

—Espera joé, con la impaciencia. A borricate me sacó la hiena de mi cuñao hasta la casapuerta para esperar a la ambulancia. Yo, jiñao por las pata abajo y el mu mamón disiéndome en la oreja, por lo bajini, «cuñao, ahora el butacón es mío, y en la casa voy a mandar yo, tontobaba».

—Cagondié, que canguelo, los pelos de punta se man puesto, compare, y el mamón de tu cuñao provocando un infarto ma gordo, como lo trinque de frente le endiño una tragantá al capullo ese.

—Aquello parecía los cacharritos de la feria, Killo, luces de colore, la sirena to fuerte, una tía dándome hostia en el corasón, un gachó me agarraba por la nari, hasta un enfermero maricón quiso aprovechar el barullo pa meterme mano, pero cada vez que el julandrón intentaba besarme en la boca, yo le mordía en el labio. Un poco má y me matan entre tó. Oye, que el maricón me echaba to el aliento pa dentro con sus besos y allí nadie decía ná.

—Dió vieja, ¿y to eso con las campanas de la tele?

—Pasé el quinario, compare. Mi suegra llorando, la Choco llorando, y el empajillao de mi cuñao con la media sonrisa en su boca de hiena.

—Pisha, mientras tu te moría yo en el cotillón que el ayuntamiento había montado con todo grati para la gente, bebida, comida, turrone, incluso la policía local te paraba y te invitaba a una copita de champán. Y lo mejón de tó, el trío Harmony cantando to la noche. Y a to esto, fitetú, mi amigo del arma que la jiñaba en el hospital. ¿Por qué nadie me avisó, cojone? Prebesito mi compare, que arrepentio estoy de haberme divertio en esos momentos. Menos má que está aquí pa contarlo, Pisha, porque en fin de año en la residencia, menos médico, se tiene que ve de tó.

—Andevá, carajo. Entramos en la residencia y parecía que había llegao un ministro, mucha gente esperándome Killo, batas blanca, verde, naranja, unos con mascarilla, otros con cara de sueño, y p’adentro. Me entraron gana de levantarme y saludar uno a uno como Dió manda, pero tan asfixiao no podía.

—Qué jindama, Pisha, me pasa a mí y la espicho del susto.

—No te da tiempo, compare. Menos por el culo, cable por to lado, aparato de toda clase, unos subiendo p’arriba otros bajando p’abajo y yo… to colorao y sin podé hablá, vaya esmorecío perdío, a punto de jiñarla.

—¡Compare, que ya me estoy mosqueando, que me está contando una trola, que nadie aguanta tantas hora esmorecío y tú está aquí como si ná!

—Killo, porque de pronto, en el momento ma malo me vino un retortijón y las uvas llegaron al techo y el peo sonó en to la residencia.

—¡Aaaaro! Y yo me lo creo… ¡venga ya!

—De verdad Killo, pareció la traca final de los cohete que tiran en la feria. No he pasao ma vergüenza en toda mi vida. Los médicos decían: «qué asco, este tío está porio, que habrá comío el gachó».

—¿Y y’astá? ¿No te pasó namá?

—¿Te parece poco? Una cara de mala leche que se les puso a los médico hasta que uno ya má mayó que los demá y con cara de Guardía Civil, tenía que sé el mandamá, dijo: «este tío estaba atragantao y con flato, y nadie lo vio. Que se vaya pa su casa de inmediato que la mierda le va a salir por los zapato. Esta meste tan horrorosa no hay quién la soporte».

—Osea, que ná de ná, que le aguaste la fiesta a tó quisqui…

—El susto compare, te parece poco, que me puse mu malito.

—El susto y que tu suegra y la Choco llevaban razón, so jartible, que eran gases del pechá de garbanzos que te diste la noche anterior.

—Pa ellas to son gase, Killo, no me quite la razón porque lo que no eh no eh. Lo que yo te diga.

—Qué cabezón. Que sí, que te pusiste mu malito, pero de un flato carajo, que ere mu aprensivo y le amarga la vida a tor mundo.

—Andevá, cojone, por poco la endiño porque me engollipé, el flato fue anenante.

—So agonía, to las uva a la misma ve. Anda, anda, que te merece eso y má. Un mes te hubiera dejao yo en la residencia de castigo.

—Mira Killo, que yo te cuento mi verdad, no paque encima me eche una bronca, que desde la barrera se ven los toros mu bien, pero la corná duele una jartá.

—¡Con tó tú muerto tó, qué corná, ni que corná! A ti con solo mirarte el toro ya te duele, que ere mu exagerao, Pisha, que nos tiene a to el mundo asustao pa ná.

—¡Sanseacabó compare! No te ponga borde qué tiene tanta mardá como mi cuñao, con el coraje que a mi me da.

—Pisha, que son las tres de la tarde y estoy esmayao por escuchá tus pamplinas, ¿sabe que te digo? ¡Qué te vaya al carajo con tu corasón partío!

—Te quiyapuí.


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Mamao: Con una buena borrachera encima.
Bajío: Persona que da mala suerte, que está gafada.
Bajito cuerpo: Que no tiene un euro.
Chola: Cabeza.

Trampuchero: Que es un tramposo.
Chungo: malo, jodido, difícil, complicado.

Retortijón: Cuando hay dolor en el vientre y necesidad urgente de ir al baño.
Angurria: El que necesita orinar de un modo continuo.
Cagalástima: Persona de poco espíritu.
Bajini: Hacer un comentario lo suficientemente bajo para que otros no lo escuchen.





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